30 ene. 2008

La ex-vecina moruga

Casi todas las mañanas me encuentro en el autobús a una ex-vecina, yo mentalmente la llamo puñetera moruga. Es una mujer de unos treinta y pico años, que va a trabajar a donde sea como cada día hacemos todos (sí Yañez, Valdu ahora también), el caso es que es la típica persona que se esconde para no saludarte, agacha la cabeza, desvía la mirada, se sienta en otro lugar, se queda de pie de espaldas a ti; sin embargo lo fuerte es que más de una vez se ha sentado a mi lado, o en frente, y ni saluda ni hace ademán de mirarte para saludar o gesto similar, es la ostia, qué capacidad para disimular mi presencia. Recuerdo cuando vivía con mis padres y coincidíamos algún día por la tarde, ella se bajaba corriendo del autobús y daba un ligero rodeo para no ir juntos a casa, ya ves 100 metros de nada diciendo que el tiempo está de esta manera o de otra, la familia bien gracias y perro no tengo, qué tal tus gatos, bla bla bla, total 5 minutos escasos de cortesía. Moruga girl nunca supero esa timidez, y la pobre sigue metiendo la mirada en el suelo cual avestruz avergonzada porque el mundo la hizo así. Cuando la veo ya pienso en la canción del día, la moruguita, la moruguita... (ponerle el tonito de la canción de "la barbacoa" de Georgie Dann)

Para no alargar esto os diré que son incontables las veces que ha evadido con éxito mi presencia en el bus, estando lleno o estando casi vacío, increible pero cierto. La moruguita, la moruguita...

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