25 abr. 2009

Albondiguillas

En muchos momentos te toca presenciar la típica actividad que por su carácter personal debería ser realizada en la intimidad, son esos casos en los que te topas con un sujeto en frente de ti, durante un desplazamiento en transporte público (mayormente en Metro) y el/la susodicho/a empieza a horadar en uno de los orificios de su nariz hasta encontrar ese tesoro, que al sacarlo, de color indefinible, necesita de una elaboración, maleable, dúctil al principio, y albondiguilla al final, para luego pasar a otro cuerpo; Y es en el instante de la transferencia de un cuerpo a otro, por motivos varios (lanzamiento, resbalón, caída...) cuando uno se puede descojonar de la situación al ver como rueda hasta la persona más cercana al sujeto, o sentir asco de la cercanía personal con una albondiguilla ajena, extraña, forastera, impropia, que no quieres que te llegue pero que puede llegar a pegarse a ti cual espiga durante un paseo por el campo.

Otro momento de producción en cadena de albondiguillas es la parada de un semáforo, en la parada de un semáforo uno suele mirar a veces a los vecinos de semáforo rojo, que con nervios y ansiedad esperan el cambio de luz a verde para salir disparados, (ya sabéis que un segundo en un semáforo de Madrid es toda una vida) y siempre hay algún productor de albondiguillas que elabora las suyas propias y las va acumulando en el salpicadero o en algún lugar escondido de su vehículo, esto que parece banal tiene que ser por fuerza contaminante y fomentar el cambio climático, y si no que se lo pregunten a mi primo que es químico, y seguro que ha pasado por éste trance. Yo, propongo un acto en contra de la producción de albondiguillas contaminantes, para que así no tengamos que presenciar más tal hecho en público.

Más madera.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿No te parece un poco escatológico? Lo has escrito tan bien que mientras leía estaba recreando la situación, y no he podido aguantas las ganas de ir al baño a vomitar, que no a lo otro, no vayan a pensar mal...

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